martes, 29 de junio de 2010

Estatut: Ni los unos, ni los otros; Cataluña hispánica y foral.


En Cataluña debe prevalecer el Derecho catalán. Pero solo el verdadero Derecho fundamentado en la rica Tradición jurídica de la Corona de Aragón. Repugna tanto la apelación bastarda a los derechos históricos invocada por los nacionalsocialistas, hecha desde el más radical europeísmo y desde la Modernidad jurídico-política (lo que es una antinomia y una aporía monumental); como la pretensión uniformista, desconocedora de la Tradición catalana, reduciendo nuestro territorio a meras "provincias" de un Estado centralista. Un nuevo poder enfocado al "mal común", como el derivado de la falsa Generalitat nacionalsocialista deviene en tiránico, por tanto hay un problema de legitimidad en si mismo, pese a la exaltación usurpadora de unos símbolos históricos que no le pertenecen.

Al estar viciada la legitimidad fundamental de todo el marco institucional hispánico resulta imposible hablar con propiedad de autogobierno por mucho que se produzca una descentralización. Solo la restauración foral, emanada de un poder legítimo asegura la verdadera continuidad de los derechos históricos. La restauración foral ha de adaptarse a las nuevas exigencias del contexto presente para frenar eficazmente la globalización y el sometimiento a instituciones supranacionales. No seria contrario a la Tradición que el poder Real asumiese franquicias y facultades históricamente de los reinos, siempre para el servicio del bien común de toda la Monarquía. Pero nunca en base al axioma liberal igualitarista.

El poder político no tiene legitimidad asimismo para inmiscuirse en los cuerpos intermedios, también protegidos por sus propios Fueros. Precisamente en el nuevo Estatuto se redobla el inmiscuimiento de lo público sobre las organizaciones sociales, dictando compartamientos, duplicando burocracias y ahogando a impuestos a familias, asociaciones, universidades no públicas, etc.

No podemos desconocer tampoco que la lengua catalana es la propia de Cataluña, pero el castellano se configura como lengua común de las Españas, y que su uso en Cataluña, tanto en comunicaciones oficiales, privadas como en la producción literaria, así como las aportaciones realizadas desde Cataluña ha dicha lengua son históricos desde antes de las imposiciones liberales. Por tanto también resulta un absurdo ilegítimo la imposición de una sobre otra en el trato privado o comercial.

La Sentencia del TC no responde más que a las componendas de un sistema débil. Acabar con él es exigencia para la verdadera restauración del derecho foral catalán.

domingo, 27 de junio de 2010

Ramón Sales Amenós: Obrerismo y Tradición

Dentro del inmenso patrimonio moral, cultural y social del carlismo la figura de Ramón Sales Amenós destaca, junto a otros obreristas como el sevillano Ginés Martínez Rubio, por su singular perfil al lograr consolidar un sindicalismo obrerista radicado en la Tradición, libre de mediatizaciones políticas y patronales, en las más difíciles condiciones políticas y sociales. Para El Matiner supone el cumplimiento un deber de piedad filial el recordar y homenajear su ejemplar conducta, pues su pueblo natal, La Fuliola, se encuentra muy cerca de nuestro pueblo materno.

Campesino y requeté, nacido en 1893 en el pueblo leridano de La Fuliola, con quince años se trasladó a Barcelona, junto con sus hermanos, al enviudar su madre. Trabajó como dependiente en unos almacenes, y en 1918 ingresó en el Sindicato Mercantil de la CNT. Al estar en desacuerdo con su ideología libertaria, en diciembre de 1919, con otros miembros del Ateneo Obrero Legitimista (Baró, Roig, Fort, Clavé, etc.), fundó la Unión de Sindicatos Libres, de la que sería líder indiscutible. En 1919, se producía una reunión en el Ateneo Obrero Legitimista de Barcelona, presidida por Pedro Roma, Miquel Junyent, el escritor Rico Ariza y el concejal Salvador Anglada. En esta reunión se decidió la necesidad de organizar un sindicato obrero, independiente, pero basado en la doctrina social del Carlismo, tal y como ya se organizó en otros lugares de España, como Bilbao (gracias al empeño de otro destacado obrerista carlista: Pedro Ullaortua), Pamplona o Zaragoza. Ramón Sales fue elegido presidente y diferentes cuadros tradicionalistas entraron en la labor sindical convirtiéndose en la élite culta del sindicato que se ocupó de la doctrina, redactar estatutos, relaciones públicas y dirigir la organización. Estos hombres fueron José Baró, Jordi Bru, Estanislao Rico, Santiago Brandoly, Domingo Farrel, Juan Laguía Lliteras, Ceferino Tarragó, Ignacio Jubert, Feliciano Baratech y Mariano Puyuelo. Los intelectuales se encargaron de la divulgación en prensa, pero los resortes de la organización fueron controlados por obreros, algo que no había sucedido en los sindicatos católicos. Sales fue un orador con un estilo claro, directo y contundente y casi siempre en catalán, porque hablaba mejor dicha lengua española.

La Liga Patriótica Española

Antes de la creación de los Sindicatos Libres, en 1918 y dentro del ámbito del obrerismo carlista Ramón Sales creó la Liga Patriótica Española y la Entidad Fe y Patria, grupos de combate frente a las pretensiones de la Lliga Regionalista de Francesc Cambó. En este punto el carlismo catalán se hallaba divido entre la tendencia pro-Solidaridad Catalana (es decir, los partidarios de unirse electoralmente con el regionalismo catalán derechista y burgués de Cambó), representada por el Carlismo burgués, cuyo portavoz era el periódico “El Correo Catalán” y la tendencia anti-Solidaridad, representada por el Carlismo obrero, cuyo portavoz era el periódico “La Trinchera” y de donde nace la citada Liga Patriótica Española. Para los obreros carlistas era inaceptable el concurrir electoralmente con un grupo que representaba tan claramente los intereses de la oligarquía como la Lliga Regionalista. La Liga Patriótica editó un manifiesto fundacional (“¡Viva España!”) dirigido “A todos los buenos españoles” denunciando que en “este trozo de España que se llama Cataluña” unos malvados catalanes “pretenden intervenir en la conferencia de paz [de París] para que le sea concedida a Cataluña la independencia que los villanos sueñan les llegue impuesta por el mandato de Europa”, como Cuba al mediar EE.UU. El texto exhortaba “un día y otro día a aclamar ¡Viva España! para ahogar con él las vociferaciones de esos perros separatistas”. Si bien al regionalismo derechista de Cambó no se le podía tildar de “separatista” hay que tener en cuenta que en torno a los muy heterogéneos grupos que esos años eran partidarios de la Mancomunidad concurrían algunos elementos armados claramente separatistas (los llamados “escamots”) organizados por el ex – militar español Francesc Macià y que acabarían fundando Estat Català. Los obreros carlistas de la Liga Patriótica Española opondrían la violencia defensiva frente a las pretensiones de los lliguistas y los separatistas de tomar las calles con su propaganda.

El colectivo tuvo su sede sobre el teatro Petit Pelayo, en la Rambla (desde donde hostilizaba actos de signo nacionalista y de la Lliga), y su “grito de guerra” fue la canción “La hija de Malasaña” que cantaba en el teatro Goya la cupletista “Mary Focela” y concluía así:

Lucho como una leona/ al grito de viva España!/ Y es que por mis venas corre/ la sangre de Malasaña”.

Sindicatos Libres: lucha por el obrero y defensa contra el anarquismo y el socialismo.

La denominación de “Libres” dejaba clara su independencia respecto de cualquier formación política así como respecto de la patronal, con el fin de asegurar una verdadera defensa de los intereses de los trabajadores. Como el carlista vizcaíno Pedro Ullaortua los definió “unidad de los trabajadores contra el sistema capitalista en total autonomía”. Sin embargo el carácter carlista de la doctrina que promovían era evidente, así como el legitimismo de sus miembros (y recíprocamente era enorme la cercanía de los Reyes Legítimos por dichos sindicatos). Y en su propaganda ambos aspectos quedaban claros, con la denuncia y la lucha contra separatistas, marxistas, liberales y anarquistas. Los Sindicatos Libres organizaron huelgas, bolsas de trabajo, seguros sociales y asistencia obrera. Su labor fue enorme para dignificar las condiciones de vida de las masas obreras, condenadas a la explotación por el liberalismo capitalista.

El Sindicato Libre pronto chocó con la CNT, y también hubo de hacer frente a la Patronal, que pretendía subordinarlo a sus intereses. Sin embargo, los Libres también crearon sus grupos de autodefensa armada. No obstante, los Libres estaban naciendo (murieron 53 dirigentes a manos de pistoleros anarquistas) y la pérdida de dirigentes les hacía más daño. Para colmo, las autoridades restauracionistas en premisa de proteger el orden liberal establecido detenía tanto a sindicalistas cenetistas como Libres. Para poder contextualizar esta violencia hay que tener en cuenta que en el anarquismo el pistolerismo y la extorsión llegó a convertirse en un modus vivendi creando auténticas organizaciones gansteriles, mientras que el uso de la violencia en los Sindicatos Libres solo era ocasional y respondía a exigencias de autodefensa. El pistolero cenetista José Serra reconoce en su libro de memorias “Diario de un pistolero anarquista” que en aquellos años “los límites entre la acción revolucionaria y la rapiña eran cada vez más difusos”.

En 1923, el Sindicato Libre contaba casi con 200.000 miembros, tres cuartas partes en Cataluña. Los Libres eran el sindicato de los trabajadores catalanes, frente a la querencia ugetista de los trabajadores emigrados de otras partes de España. El crecimiento había sido grande debido al interés de algunas agrupaciones sindicales por defender sus intereses profesionales y no preocuparles los fines revolucionarios y terroristas de los anarquistas. Estos sindicalistas se afiliaron a los Libres, como los únicos capaces de defenderlos frente a la Patronal conservadora, y el carácter no reivindicativo de los llamados sindicatos “católicos” (clericalistas).

Durante la dictadura del General Miguel Primo de Rivera (1923-1930) se extendió por toda España como Confederación Nacional de Sindicatos Libres e igualó en afiliados a la Unión General de Trabajadores socialista, pese a que dicha sindicato era promocionado por el Directorio Militar con el cual colaboraba. Muchos dirigentes de los Libres fueron encarcelados, algunos acusados de “catalanismo” solo por redactar propaganda en catalán, mientras que los dirigentes socialistas ocuparon puestos en el Consejo de Estado, Consejo de Trabajo, Consejo Interventor de Cuentas del Estado, Comisión Interina de Corporaciones, Consejo Técnico de la Industria Hullera, Tribunal de Cuentas y otros organismos; al tiempo que luchaban contra los sindicatos Libres. Caso singular se dio en la minería asturiana, donde la mayoría de los mineros eran carlistas y por presión de los dirigentes socialistas se prohibió cualquier tipo de sindicación que no fuese en la UGT.

La relación con los sindicatos “católicos” (clericalistas) fue difícil, debido a como hemos señalado a su carácter poco reivindicativo. Los Libres siempre dejaron claro que su acción iba en defensa estricta de los derechos profesionales del obrero y no se iban a plegar jamás a los intereses de los empresarios, como había pasado con algunos sindicatos profesionales y “católicos”, que habían nacido por el patrocinio de algunos notables conservadores (como el Marqués de Comillas) y se sentían obligados a defender el orden constituido.

No obstante, los católicos-libres fundados por los dominicos (el Beato José Gafo y Pedro Gerard) habían mantenido una postura más combativa en los intereses obreros y mantenían un buen diálogo con los carlistas. Estos sindicatos tenían casi su única fuerza en la región vascongada y en Navarra por lo que la simbiosis carlista y sindicalista se daba en muchas zonas como Azpeitia. Esta amistad se prolongaría de tal modo que en 1924 en el congreso de Pamplona decidieron fusionarse en la Confederación Nacional de Sindicatos Libres.

Persecución y martirio

Tras la proclamación de la Segunda República, comenzó una represión feroz contra el Sindicato Libre, auspiciada por el abogado ex-cenetista y presidente de la Generalidad de Cataluña, Luis Companys, del partido ERC que suscribió el llamado Pacto del Hambre, por el cual la patronal acordó con la CNT y la UGT no contratar a ningún trabajador afiliado a los Sindicatos Libres. Unos 4.000 trabajadores catalanes fueron afectados por dicha medida, quedando más de 200 que por edad no pudieron trabajar nunca más condenados a la pobreza y a la marginalidad.

Ramón Sales tuvo que exiliarse a Francia, donde vivió de albañil y otros oficios. En 1935 volvió a Barcelona en la clandestinidad. Su ausencia determinó una infiltración de elementos del Bloque Nacional de José Calvo Sotelo en los mismos, lo que provocó ciertas divisiones en el sindicalismo carlista.

Capturado por milicianos de la CNT en la primavera de 1936, se escapó el 19 de julio y volvió a huir a Francia. Retornando de nuevo para organizar la quinta columna barcelonesa fue capturado el 30 de octubre y descuartizado vivo en las Ramblas, ante las oficinas de Solidaridad Obrera: "Encadenaron los pies y las manos de Sales a cuatro camiones. Acto seguido los camiones emprendieron la marcha, en direcciones distintas."

Con el estallido del Alzamiento el 18 de julio, algunos miembros sindicales consiguieron unirse a los sublevados. Entre ellos, Augusto Lagunas, Ramón Colom y Pedro Navarro murieron en combate, otros como José Baró, Jaume Fort y Anselm Roig fueron fusilados por la FAI-CNT.Nuestra más sentida deuda de gratitud al mártir de la lucha por los derechos de los trabajadores Ramón Sales Amenós.

( Propaganda de los Sindicatos Libres: su encarnación persigue al anarquismo, el separatismo, la masonería, el comunismo y el judaísmo)

El Piquete. Página obrera carlista

viernes, 25 de junio de 2010

El Domingo NO se trabaja: descanso,familia,cohesión social y culto divino; frente al liberalismo.

Las recientes medidas del gobierno neogaullista francés contra el descanso dominical se han encontrado con la decidida protesta de la Confederación Francesa de Trabajadores Cristianos: En España son muchas las administraciones tanto locales como autonómicas que están intentando acabar con el descanso dominical. En este contexto es oportuno recordar la reciente campaña del Movimiento Obrero Tradicionalista, de la Comunión Tradicionalista, en oposición a estas pretensiones. (Aquí)

El fundamentalismo monetarista ha impuesto a los trabajadores asalariados, pero también a los trabajadores autónomos unas condiciones inaceptables. En el libre juego liberal de la oferta y la demanda el económicamente poderoso se come al humilde, y eso que uno de sus grandes postulados es que el capitalismo es la condición económica para el estado democrático e igualitarista... En este contexto cada vez son más los comercios, pero también las fábricas, que abren en domingo ignorando la necesidad de un día de descanso comunitario para la cohesión social y familiar. La sociedad liberal aboca al individualismo. Pero además se viola el día dedicado al culto divino. También la proliferación de locales de titularidad extranjera ha supuesto un desequilibrio en el comercio tradicional, que se ven abocados a una competencia desleal por parte de comerciantes que no respetan los usos y horarios del país de acogida. El Movimiento Obrero Tradicionalista aboga por una comunidad política bien ordenada, por un orden de bienes que permita organizar fundadamente la misma, en el recto ejercicio de la prudencia política, rechazando el individualismo liberal y exige como fundamento de una verdadera justicia social (que no tiene que confundirse con igualitarismo socialista) el reconocimiento de un día de descanso comunitario.

viernes, 18 de junio de 2010

Hombre abstracto de la Revolución; hombre concreto de la Tradición.

La filosofía política de la Revolución eleva al hombre a medida de todas las cosas, con independencia de las ordenaciones divinas, transformándose en eje y centro del universo. El optimismo antropológico hermana a Rousseau con Kant y con los legisladores del 89. Rousseau idealiza hasta lo perfecto al hombre abstracto, al salvaje sin tradiciones, por definición bueno; Kant exalta la perfección del hombre en sí, independientemente de las tradiciones culturales, creyéndole capaz para entender al cosmos en el uso que de los datos de la realidad haga su razón pura y de saber qué sea lo justo en la desnuda autonomía de su voluntad “autónoma”; los hombres del 89 no declaran cuáles sean los derechos del hombre francés, sino los del hombre abstracto y sin tradiciones. Para Europa el hombre carece de historia, es un ser desprovisto de pasado vivo.

La marcha posterior de las ideas gira bajo idéntico signo. En la democracia igualitaria cada hombre posee un voto, sin tener en cuenta ni su valor ni su cultura, porque de antemano se autoriza que todos ellos son iguales, ya que nada cuenta la condición histórica concreta de cada cual, sino su abstracta condición humana. Día vendrá en el porvenir en que se juzgará cosa de locos esta inconcebible ideología democrática hoy tan extendida, por virtud de la cual son iguales los hombres nacidos desiguales y desiguales desarrollados; mentira parece que a la fecha la mayoría de las instituciones del Occidente reposen sobre la locura de equiparar en facultades políticas a los buenos con los malos, a los listos con los tontos, a los cultos con los que no saben leer. Será otra “locura de Europa” más que añadir a las que ya anotó Diego de Saavedra Fajardo hablando en nombre del sentido común de la tradición de las Españas.

Tampoco el totalitarismo distingue entre los hombres; lo que sucede es que la democracia los igualaba en considerarlos con idéntico valer para emitir un voto en las urnas, mientras que el totalitarismo les concede idéntico valer para obedecer las órdenes de un dictador. Pero ambos, liberalismo y totalitarismo, arrancan del mismo yerro filosófico: la idea del hombre abstracto.

Idea que aparece cuando nace Europa. Antes, en los siglos de la Cristiandad, la sociedad cristiana poseía una ordenación jerarquizada orgánica, cada hombre se enmarcaba en determinado grupo social, sea religioso (órdenes, cofradías), sea religioso-militar (órdenes de caballería) sea económico (gremios), sea político (brazos o estamentos). El esfuerzo personal levantaba al inferior a grados superiores del cuerpo místico social, pero éste gozaba de sólida estructura, ya que dentro de él cada miembro componente era parte de un orden y elemento de una jerarquía. La comunidad orgánica cristiana, según la idea del hombre concreto, constituyó el contrapié de las catedrales tomistas de las Summae y el emparejamiento humano más adecuado al orden divino en el curso de los astros siderales (...)

Poco a poco según crece y se robustece Europa, cobra fuerza la idea del hombre abstracto. La ayudarán el espíritu romanista, que brinda al absolutismo de los reyes la ocasión de deshacer del todo la composición orgánica de la sociedad, proporcionando aquel dualismo que Boutmy definiera como la contraposición entre el infinitivamente grande del poder estatal y el infinitivamente pequeño del individuo aislado; el estilo burgués de las sociedades protestantes, con aquel espíritu individualista de empresa, naciente en Holanda e Inglaterra cual secuela de la escisión luterana entre naturaleza y gracia, donde Werner Sombart ha colocado la clave del moderno capitalismo (otro fenómeno típicamente europeo); y en especial el nuevo espíritu filosófico: cuando Descartes duda de la realidad circundante empieza a fabricar un mundo para cada yo abstracto, intento que Kant traducirá en sistema, sistema que es nada menos que la llave de la Europa contemporánea.

Una Europa en la que el hombre se edifica gnoseológicamente su mundo con Kant y hasta ontológicamente en el idealismo trascendental de Fichte; Europa en la cual la sociedad consiste en proceso mecánico, montón de granos de trigo al azar yuxtapuestos; Europa en la que el hombre, desnudo de tradiciones, pasa por mero homo oeconomicus; una Europa que no quiere saber ya de gremios, sino de partidos políticos, múltiples en las democracias, único en los totalitarismos: Europa que ignora al hombre concreto de la Cristiandad y sólo sabe del hombre abstracto de la Revolución.

Francisco Elías de Tejada. tomado de Poder y libertad. Una visión desde el tradicionalismo hispánico. Colección De Regno

miércoles, 16 de junio de 2010

La Monarquía hereditaria: Los Reyes al servicio de la Tradición de las Españas.

-->Pero, en la verdadera monarquía, casi todos los ataques que se dirigen están fundados principalmente sobre un gran sofisma: el sofisma es no ver aquello que apuntaba ya Julio Feriol en un libro desgraciadamente incompleto y en el prólogo, que dedicó a Felipe II: los reyes no son una persona sola, son dos. En los Monarcas hay dos personalidades, y, cuando se les ataca, se suele no ver más que una sola, la que vale menos, la persona física. Un Monarca, es una persona física y una persona moral e histórica. La persona física puede valer muy poco, puede ser inferior a la mayoría de sus súbditos, pero la moral y la histórica valen mucho; ésa es de tal naturaleza, que suple lo que a la otra la falta, y lo suple muchas veces con exceso.

Separad en un Rey esas dos personalidades; que las separe él mismo, y la revolución no necesitará asaltar el Alcázar; ya él le habrá tomado la delantera; encontrará allí a un revolucionario coronado. Pero ponedle enfrente de un hombre superior a la persona física del Rey, como muchas veces se han encontrado frente a frente en la historia. Suponed un Rey de escasa capacidad, de menos cultura, de carácter no acentuado, que tiene muchos súbditos que le son superiores por completo en entendimiento, en voluntad, en carácter. ¿Queréis más? Poned frente a él a un hombre que reúna en grado superior ese entendimiento, esa voluntad, ese carácter, hacedlos que choquen, para ver quién vence. ¿Qué le faltará? ¿Ambición? Suponed que la tiene, ¿Riquezas? Suponed que tenga más que el Monarca. ¿Una espada? Que tenga detrás un ejército y una sociedad electrizada. Decidle que se ponga en movimiento y derribe una Monarquía; si lo hace, el Monarca cae, y él ocupa su puesto. Pues bien, es un dictador. ¿Qué es un dictador? Yo lo he dicho alguna vez, un dictador es un Rey sin corona; pero que la anda buscando.

Pues bien, señores, decidle a ese dictador que se ponga la corona. Si es un genio, no se la ciñe. ¿Por qué si él era superior en entendimiento, en voluntad, en fuerza, si ha derribado la Monarquía? Es que no ha visto más que la persona física del Rey, y ahora echa de menos la personal e histórica; es que no tiene genealogía; es que no tiene estirpe, una tradición, una historia, es que entonces comprende qué él ha sido súbdito y a estado mezclado entre los súbditos y ha vivido con ellos en la misma clase; no puede ser aquel poder arbitro imparcial, colocado en una región más pura, donde no llegan los intereses de clases ni las pasiones de partido; es porque se subleva contra él el orgullo y la vanidad humana que no quieren ser mandados por un igual suyo y que, para reclamar la igualdad de unos con los otros, quieren que haya uno desigual sobre todos, y quieren obedecer a un hombre, obedecen a una tradición, obedecen a una serie de generaciones que han sido como arcos en un vasto acueducto por donde ha corrido el río del espíritu nacional, saliendo las aguas por el arco de una corona para caer sobre nosotros, no como un mandato que humilla, sino como una ley y una autoridad que ennoblece y exalta.

Esa es la Monarquía, esa es la persona moral y histórica del Rey, que cubre y hace que desaparezcan las deficiencias de la persona física. Y nadie, nadie puede ejercer el poder personal supremo, como lo puede ejercer un Rey; y por eso yo pido que el Rey tenga iniciativas que deba tener y al mismo tiempo las ejerza por sí mismo, y que responda de ellas, y aquí está la dificultad y aquí está el fondo de la cuestión.

miércoles, 9 de junio de 2010

Tirad, pero tirad sin odio. La lucha de los Requetés fue una Cruzada

(de cuando Carlos Hugo jugaba a ser "el Principe de la Cruzada")

No nos avergonzamos de nuestra historia. De hecho el Carlismo es la única fuerza política que ha mantenido coherentemente su orgullo de haber participado en la guerra civil de 1936, para nosotros y nuestros combatientes una Cruzada, tal y como la definió la Iglesia Católica. Cuando el franquismo celebraba los "años de paz" y dejaba de recordar el alzamiento del 18 de julio, limitándolo a la paga extraordinaria del 18 de julio, el Carlismo continuó, como continua hoy en día conmemorando y defendiendo la legitimidad de tan magna epopeya. El felón ex-príncipe Carlos Hugo encabezó en los años 60 esa reivindicación de la Cruzada, con frases tan contundentes como la que manifestó a la revista carlista MONTEJURRA en abril de 1967: "la libertad religiosa es una traición a la Unidad de España y a los muertos de la Cruzada". Y es que si la guerra fue una Cruzada fue, fundamentalmente, gracias a los Requetés. Los herederos de los levantamientos por la legitimidad forzados por los acontecimientos políticos dejaron la legitimidad en un segundo plano "para salvar la Religión y la Patria", como dijo la orden de SMC Alfonso Carlos I, difundida por S.A.R. Don Javier, entonces Regente de la Comunión Tradicionalista. Pero no se transigió ni con la confesionalidad católica ni con el trapo tricolor que querian enarbolar la mayoría de los militares.

El Carlismo fue de hecho el único movimiento político que realmente queria acabar con la nefasta II República. La actitud prudente en que con un principio se acogió el advenimiento de la misma (pese al fraude realmente antidemocrático que supuso, al ni siquiera tener los republicanos mayoría, y solo explicable por la cobardía de la antimonarquía usurpadora liberal) pronto se transformó en radical beligerancia. El 14 de junio, un enorme mitin carlista que abarrotaba la Plaza de Toros de Pamplona, bajo la presidencia del Marqués de Villores, jefe delegado de Don Jaime, el Carlismo "declaraba la guerra a la República" en respuesta a los primeros e intolerables ataques antirreligiosos de la misma. La Guardia Civil irrumpió en el acto y tras horas de incidentes detuvo a los oradores de dicho acto. Mientras las derechas cobardes se hacian republicanas e intentaban participar del sistema el Carlismo empezó a prepararse para la guerra. Los incidentes callejeros, los asaltos a locales rojos y separatistas y la defensa de los círculos carlistas de los mismos rojos, separatistas y policías y guardias civiles eran la tónica diaria. El 10 de agosto de 1932 un militar navarro de gloriosa estirpe carlista. el General Sanjurjo, organiza la primera intentona contra la II República.

Ante los atropellos, la anarquía, la política anticatólica, la nueva constitución sectaria, la expulsión de la Compañía de Jesús, la laicización de la enseñanza etc., se dio permiso a los carlistas para sumarse individualmente al levantamiento. Así algunos murieron gloriosamente en los combates de la Plaza de la Cibeles en Madrid, como los estudiantes carlistas de la AET José María Triana y Justo San Miguel. Durante las semanas previas aumentó considerablemente la introducción de armas por la frontera francesa, supervisada por los propios reyes Don Alfonso Carlos y Doña María de las Nieves; armas que finalmente servirían para el triunfo inicial de 1936. El 10 de agosto de 1932, los carlistas tomaron las calles en varias poblaciones y evitaron desmanes.

Tras el fracaso de esta primera "Sanjurjada" (decimos primera porque el Director del Alzamiento de 1936, aquel con quien pactó el Carlismo, fue el propio General don José Sanjurjo Sacanell; su temprana muerte, unida al esfuerzo curiosamente conjunto de la propaganda roja y de los aduladores del General Franco, lo relegaron pronto al olvido), la represión gubernamental, encabezada por el siniestro Manuel Azaña, fue feroz e indiscriminada. Muchos carlistas estaban ya en prisión, arbitrariamente detenidos por los republicanos; su estancia en ella se prolongó. Muchos otros que tampoco habían tenido nada que ver con la conspiración fueron detenidos en toda España, y permanecieron en prisión sin juicio tres o más meses; entre ellos Manuel Fal Conde, Enrique Barrau, Luis Redondo o el poeta malagueño José Luis Hinojosa (tal vez el más interesante de la Generación del 27, olvidado después de asesinado por los rojos el 22 de agosto de 1936). Los círculos carlistas fueron registrados y clausurados, a veces saqueados; los numerosos periódicos de la Comunión fueron secuestrados y suspendidos.

Azaña y las logias aprovecharon también para deshacerse de cuantos mandos militares eran considerados desafectos a la izquierda, y así casi un centenar y medio fueron deportados sin juicio a Villa Cisneros, en el Sahara español. De ahí saldrían los mejores mandos de la Cruzada de 1936-1939; allí volverían al Carlismo hombres como el General José Varela. Porque aunque los rojos hicieron todo lo posible por deshacerse de los deportados (como denunciaron los diputados de la Comunión Tradicionalista: uso de un barco decrépito e insalubre, el España Nº 5, para el traslado de los prisioneros; retención sin juicio; destierro inconstitucional de más de 250 km. del lugar de residencia; hacinamiento; etc.), la presencia entre ellos de carlistas como Juan José Palomino; el Marqués de Sauceda; Mier y Terán; los hermanos Chicharro; varios estudiantes de la AET de Madrid, etc., unida a la conciencia de que luchar por España implicaba necesariamente enfrentarse al régimen tiránico, lograron que en otoño de 1932 ya se hubieran unido a la Comunión más de ochenta de los deportados.

En 1933 la importante maquinaría de guerra que era el Carlismo va perfilándose. Los Requetés, curtidos en el diario combate callejero, en los tiroteos contra los impíos que pretenden atacar procesiones y quemar Iglesias y conventos, empiezan a prepararse para el combate militar. En enero de 1934 se publica la Ordenanza del Requeté, escrita por el entonces Coronel Varela. En marzo Antonio Lizarza Iribaren y Rafael Olazábal se entrevistan en Roma con Mussolini, consiguiendo de este armas, municiones y dinero para un levantamiento, así como la instrucción de jóvenes requetés navarros en academias militares italianas. En abril se celebra el primer acto del Quintillo, en el Reino de Sevilla, como demostración de fuerza del Requeté andaluz. El 15 de julio en Potes (La Montaña) Fal Conde pronuncia un discurso ante 10.000 Requetés señalando que "los pueblos tienen derecho a levantarse contra los tiranos". La respuesta de la juventud carlista es unánime "¡Vengan fusiles!". Hay nuevos enfrentamientos con la Guardia Civil. En el levantamiento armado de las izquierdas y los separatistas en 1934 los carlistas toman nuevamente las armas y se hacen dueños de muchas calles, evitando y combatiendo los desmanes revolucionarios. En noviembre los estudiantes carlistas de la AET organizan un gran asalto a la Facultad de Medicina de la Universidad de Madrid, acabando con la prepotencia del sindicato republicano FUE. Después vendrian nuevas manifestaciones de fuerza, como el Aplec de Montserrat, ante 40.000 carlistas y con Fal Conde anunciando la posibilidad de nuevos levantamientos. El triunfo fraudulento de las izquierdas en 1936 hace que se redoblen los esfuerzos ante una posible acometida revolucionaria. Fal Conde señala "cada vez que el Gobierno nos necesite para algo bueno para la sociedad española, no hallará mejores colaboradores, ni más abnegados, ni más leales, no por el Gobierno, entiéndase bien, sino por la Patria, cuyas penas nos parten el alma...". Lejos de aceptar cualquier conciliación o trabajo por el bien común las izquierdas revolucionarias se empecinan su carácter sectario y los carlistas se preparan para el Alzamiento, con o sin los militares. En marzo Fal Conde visita al General Sanjurjo en su prisión del Castillo de Santa Catalina. El General pone simbólicamente su espada y pide ser admitido en la Comunión. Desde aquel momento el General se convierte en jefe militar del Alzamiento. En abril SMC Don Alfonso Carlos I constituye el Estado Mayor Carlista, bajo la dirección del General Muslera, y designa a Don Javier como su representante en vísperas del Alzamiento. El Carlismo como desde el principio planea el Alzamiento para derrocar a la República. Los militares se mantienen mayoritariamente al margen. Las derechas quieren participar del sistema. Falange, partido pequeñísimo, pretende llevar a cabo una revolución nacional-sindicalista, pero pese a ser sus miembros cruelmente masacrados por los republicanos tampoco participa en las conspiraciones contra la República. Solo el execrable asesinato de Calvo Sotelo por la policía republicana lleva a moverse a algunos militares. Estos solo quieren la restauración del orden republicano. Pero el Carlismo no transige. No acepta ni el trapo tricolor ni la "dictadura aconfesional republicana". Los militares, desesperados y conscientes de que sin el Carlismo nada pueden hacer, transigen. Para los Requetés, como para los católicos españoles coherentes, la conspiración contra la República era una Cruzada contra las fuerzas sectarias que estaban masacrando con cruelísimo odio a la Iglesia Católica, en una de las mayores persecuciones religiosas de la Historia. Como Cruzados en todas las banderas de los Tercios de Requetés junto a los colores nacionales estaba la Santa Cruz de Nuestro Redentor. Junto a las banderas era el Cristoforo el que iba en vanguardia de la lucha. Católicos a machamartillo, toda la contienda armada estuvo traspasado por una espiritualidad de combate inapelable e innegable.

Obviamente no movia al Requeté odio alguno ni violencia gratuíta. La actitud guerrera de los carlistas era análoga a la de Antonio Rivera, el Ángel del Alcazar, camarada de armas de los requetés que también defendían y que liberaron El Alcazar. El 18 de septiembre intentó rescatar una ametralladora y le volaron el brazo izquierdo que tuvo que serle amputado. Fue entonces cuando pronunció la frase que se ha convertido en resumen de una ascética para un combatiente cristiano: «Tirad, pero tirad sin odio», idea que repitió muchas veces hablando del amor al enemigo. El Carlismo no tomó represalias contra nadie y fue agente de reconciliación tras la guerra. Quienes pretenden olvidar cualquier perdón y reconciliación son los herederos de los perdedores de la guerra, los que la provocaron con su sectarismo y persecución y los responsables de los mayores genocidios del siglo XX.

Quien quiera negar el carácter de Cruzada a la lucha de los carlistas o empequeñecer la epopeya es simplemente un cretino ignorante, enemigo de la Santa Causa de Dios, Patria, Rey. Por mucho que intenten liquidar la Verdad histórica los hechos son los que fueron. Que no se repitan solo depende de los enemigos de Dios y de España. La guerra es una situación muy dura, pero la doctrina católica enseña que puede ser Justa y necesaria. Mucho peor que la guerra es la tiranía de las sectas enemigas de Dios y de España. Que el Bendito ejemplo de los Requetés nos conforte, nos ampare y nos sirva de acicate y ejemplo.

( Calendario de bolsillo de la C.T, año 1968)

lunes, 7 de junio de 2010

PEREGRINACIÓN CHARTRES-PARIS: Frutos de Cristiandad, Tradición viva y tangible.

Don Sixto conversa con un grupo de carlistas participantes en la peregrinación (2008)
La bandera de las Juventudes Tradicionalistas en la Santa Misa (2008)
Don Sixto Enrique recibe a los peregrinos de las Españas. (año 2.000)
Las banderas con el Sagrado Corazón al viento (2008)

Impresionante vídeo:



LA TRADICIÓN VIVA Y TANGIBLE: PEREGRINACIÓN CHARTRES-PARIS.


La Iglesia Católica atesora 2010 años de Tradición. Sin embargo de cuarenta años a esta parte la penetración de los paradigmas modernos, con su insistentes axiomas de cambio y progreso a ninguna parte ha intentado borrar la Tradición que vivificaba el alma de todos los pueblos católicos, escamoteando o directamente anulando muchas festividades comunitarias católicas. Sin embargo la resistencia de los restos vivos de la Cristiandad ha sido tenaz, y en este contexto se circunscribe el mantenimiento, en la fiesta de Pentecostés, de la tradicional peregrinación de Chartres a Paris, en un primer momento iniciada por los estudiantes católicos para pedir la luz del Espíritu Santo y después toda una muestra de resistencia en la defensa de la Fe tradicional. Una peregrinación exigente, donde disciplinadamente se reza, se canta, se marcha bajo los estandartes de la Cristiandad. Un pueblo católico bien organizado, en el mejor sentido comunitario, que comparte la comida, la bebida y atiende a las necesidades de a quien algo le falte. Un pueblo católico empeñado en cultivar las artes y la cultura, que pese a la agotadora jornada saca fuerzas y ánimos para cambiar las ropas de la peregrinación por los trajes típicos de la época de la Revolución y representa funciones de teatro contrarrevolucionario, evocando al pueblo campesino y católico masacrado por los sin Dios jacobinos. Se podría decir que la peregrinación es un ejemplo itinerante de la realidad viva que fue la Cristiandad y que hoy pervive en estas miles de familias y organizaciones abnegadas en el mantenimiento de sus restos. El Carlismo, obviamente, no podia estar al margen de esta realidad, y año tras año viene participando en esta peregrinación. Con la presencia destacada de S.A.R. Don Sixto, Abanderado de la Tradición, que suele presidir la Misa de clausura, en Montmartre después de atender y recibir a los peregrinos de toda la Hispanidad.

jueves, 3 de junio de 2010

Nueva revista FUEGO Y RAYA: construcción y combate por la Tradición hispánica y católica.

FUEGO Y RAYA

Comienza hoy su andadura Fuego y Raya. Revista semestral hispanoamericana de historia y política. El título evoca lo que el subtítulo describe. Y, en efecto, la gesta en cuyo surco quisiera avanzar se halla plenamente resumida en el fuego que devoró los barcos de Cortés y la raya trazada en el suelo con la punta de la espada de Pizarro. Resulta indiferente que, en el primer caso, si hemos de hacérselo a Bernal Díaz del Castillo, no fuera propiamente quemar las naves tanto como vararlas. Lo que aquí importa es la resolución y el valor moral. Que, como en el tropo elegido, están bien presentes en el empeño cultural del Consejo de Estudios Hispánicos “Felipe II”, dedicado al cultivo piadoso de la tradición hispánica, que en esta empresa se concreta de modo singular en la historia y la política de Hispanoamérica.

Al venir al mundo en los días del bicentenario, de la independencia o secesión de la América española, no extrañará su vocación decidida de aportar las claves de lo que hemos llamado el “otro” bicentenario. Aunque en puridad no haya de limitarse a tal, toda vez que el Consejo se organiza en tres secciones –centradas respectivamente en los estudios de derecho natural, políticos e históricos– y tiene, por lo mismo, horizontes más vastos. Tanto en lo que hace a la reconstrucción histórica como a la problematización política. En lo que toca a la primera, sigue campeando la versión de la historiografía liberal, repetida sin rubor a partir de la sesgada versión de los fautores de la revolución. Es, pues, el momento, no sólo de extraer otras fuentes hasta ahora por completo orilladas, sino incluso de apurar críticamente las nunca cuestionadas. En cuanto a la segunda, el acervo del pensamiento clásico que la tradición española ha renovado sin cesar, consiente tomar en serio los problemas principales que la experiencia política pone hoy y siempre y de los que sólitamente la ideologización moderna ha prescindido.

La estirpe del pensamiento tradicional, en sus distintas generaciones, algunas de cuyas plumas conviven aquí familiarmente, quiere seguir presente en el horizonte de un mundo que, si se logra esquivar la sombra torva del nihilismo, presenta algunas brechas para la recuperación del orden. Se ha dicho que los aplausos son siempre contra alguien. Fuego y Raya, en cambio, busca construir al tiempo que combatir, avanzar sin dejar nada en el camino. Se puede esperar de ella pugnacidad y osadía, sin duda, pero siempre en el cultivo de lo genuino. Se lee en el Libro de la Sabiduría : “Optavi et datus est mihi sensus; et invocabi, et venit in me spiritus sapientiae (VII, 7). Detrás de este empeño cultural hay una opción inequívoca, pero no irracional, sino de la que busca dar razón y razones. Hay también un designio piadoso que nos lleva a invocar al Espíritu creator, antes de comenzar la lid.