viernes, 16 de septiembre de 2016

Candidatura Tradicionalista (CTRAD). Nota para simpatizantes: Organizando la resistencia

La Comunión Tradicionalista tiene por miembros suyos a cuantos mantienen los principios de la monarquía tradicional (http://carlismo.es/acerca-de/ideario-carlista/) y se proponen defenderlos en la práctica.

No es un partido político encaminado a ejercer influencia dentro de un sistema democrático, precisamente porque rechaza de raíz semejante sistema.

El carlismo, a lo largo de su dilatada historia, no ha tenido inconveniente en oponerse al sistema liberal desde su propio interior, concurriendo a las elecciones bajo denominaciones diversas. Pero siempre lo ha hecho dejando bien claro que su finalidad era oponerse al orden constitucional y democrático y a las cortes liberales dominadas por los partidos. S.M.C. Don Carlos VII, que había dado la orden de que la Comunión concurriera a las elecciones de 1871, cuando vio que los diputados electos intentaban actuar como tales dentro de las cortes liberales, tuvo que aclarar con enérgicas palabras el papel que se esperaba de los diputados y senadores carlistas en el parlamento liberal:
La cuestión parlamentaria es ésta en resumen: ¿Es una partida carlista nuestra minoría [parlamentaria], es decir una guerrilla avanzada que tiene la honra de estar destinada a abrir fuego? ¿Sí? Entonces hago bien en mandarla y ¡Ay del gobierno de Don Amadeo! … ¿Son nuestros diputados procuradores del Reino? Entonces son libres, independientes; tienen derecho a hacer lo que les dé la gana y crean lo que su conciencia les dicta; pero con esto sólo reconocen la legalidad de las Cortes; reconocen a Don Amadeo; reconocen su sistema y ¡Ay de España! ¡Ay de España!

Animados por ese mismo espíritu, hemos legalizado un partido político y le hemos dado el nombre de Candidatura Tradicionalista (CTRAD). No hemos podido registrarlo con ninguna de las denominaciones clásicas porque ya estaban legalmente inscritas por personas que no las emplean para nada o las emplean desnortadamente. El nombre de Candidatura Tradicionalista, con tener el inconveniente de su novedad, aventaja a otros porque pone de manifiesto su carácter de instrumento coyuntural.

Conviene mantener vivo este instrumento jurídico, a pesar de que las autoridades ponen cada vez más dificultades con su afán de control minucioso y amenazador. Por el momento, lo emplearemos para encuadrar como simpatizantes a quienes se van dando cuenta que, dentro del desorden reinante, el carlismo es la única tabla de salvación para España. Al mismo tiempo lo usaremos para allegar los medios económicos que permitan mantenerlo vivo y, en su día, cuando las circunstancias lo exijan, desarrollar una acción de mayor envergadura. ¿Cuándo tendremos que hacer uso de este partido? Dios lo dirá. En sus manos está el futuro de nuestra Patria que vive en una confusión próxima al caos. Pero eso no quita, sino que más bien supone, nuestro trabajo y entrega; y una buena manera de empezar a hacerlo es hacerse simpatizante de la CTRAD.

Quienes quieran apoyarnos como simpatizantes deberán comunicarlo al correo electrónico siguiente:

y recibirán la información especialmente dedicada a ellos. Se les pedirá que ingresen una cuota anual mínima de 20€, sin que nada les impida apoyarnos de manera más sustanciosa. También serán incluidos en la categoría de simpatizantes, si así lo desean, quienes pertenezcan y coticen en los círculos de la Comunión y quienes, no estando en condiciones de hacer el ingreso mínimo, nos lo comuniquen. Cuando sea conveniente, los simpatizantes podrán adquirir, de conformidad con los estatutos, la categoría de afiliados a la Candidatura Tradicionalista, con todos los derechos de participación que ello lleva anejo.

La información sobre los ingresos se hallará en este enlace:

viernes, 29 de julio de 2016

La Cruzada de Liberación como lucha espiritual

Con ocasión del 80º aniversario del Al​z​amiento Nacional,​ Agustín De Beitia​ entrevistó al profesor Miguel Ayuso en el diario LA PRENSA sobre el verdadero sentido de la Cruzada de Liberación 1936-1939:​ La Guerra Civil como lucha espiritual​ Fuente AQUÍ

-El análisis de la guerra debe partir de la República. ¿Diría que hoy prevalece una visión romántica de ésta?

-Primeramente, en efecto, la República viene identificada de modo general con la democracia, pese a que desde el inicio se caracterizara por una política revanchista llena de odio, en particular a la religión. No hay que olvidar que antes de cumplirse un mes de su proclamación se produce la primera quema de conventos. Identificación que pronto se reduce a la izquierda sin más. De ahí la ecuación Republica=Democracia=Izquierda, que hace que pese a que las elecciones de 1933 las gane la derecha (la democracia cristiana por más señas) no pueda gobernar sino en coalición con el partido radical de cuño masónico y, aun así, se produzca de resultas una revolución, como la de Asturias, de 1934, atizada no sólo por el Partido Comunista sino principalmente por el Socialista, en la que muchos han visto el origen inmediato de la guerra civil. Las elecciones de febrero de 1936, ganadas por el Frente Popular en un clima pre-bélico, desencadenan un conjunto de desórdenes, con amenazas a los enemigos políticos que llevan incluso al asesinato de uno de los líderes de la oposición parlamentaria, José Calvo Sotelo, crimen en el que la policía y el gobierno aparecen implicados.

-¿Qué factores contribuyeron a que se haya impuesto esa lectura?

-Aunque parezca increíble a la luz de hechos bien contundentes, la visión idílica de la República se ha impuesto por el sectarismo de la izquierda, que lógicamente no perdonó su derrota y dedicó sus poderosas conexiones en el mundo de la cultura y los medios de comunicación para acuñar esta leyenda. Pero también por la "exquisitez" de los liberales, siempre dispuestos a entregarse a la izquierda para hacerse perdonar su condición de burgueses y que en consecuencia se muestran equidistantes entre las fuerzas en liza.

-Usted se ha referido a la existencia de una serie de mitos de la izquierda sobre el origen del conflicto. ¿Puede recordarlos?

-Se trataría, en la línea de lo que acabo de decir, de la destrucción de una supuesta democracia ejemplar por unos militares fascistas sostenidos por las fuerzas de la reacción y la oligarquía, con la Iglesia a su cabeza. Esto es insostenible, porque es la izquierda social-comunista la que estaba dispuesta a romper con la República burguesa, hasta el punto de hallarse preparada para la revolución, lo que los militares frenaron con el golpe. Golpe fallido que desembocó en una guerra. Unos militares además en su mayor parte masones y liberales pero que no estaban dispuestos a dejar que los comunistas se impusieran por la fuerza. En realidad, de haber sido por el Ejército se habría tratado de una simple reacción moderadora de los extremismos de la República, una especie de "buena República". Pero lo que dio el tono a la guerra fue la religiosidad del pueblo tradicional, de modo singular en el norte, en Navarra especialmente, donde el levantamiento fue imponente y henchido de fervor religioso y monárquico. Hay que tener en cuenta que el Carlismo era allí muy activo y sin su concurso no se puede explicar el sentido de la guerra. La Falange, en cambio, fascistizante, era prácticamente inexistente al principio, y sólo el signo de los tiempos y el oportunismo de Franco la convirtieron en una fuerza decisiva.
-¿Las explicaciones que se han dado a la guerra son insuficientes?

-Hay una serie de categorizaciones ampliamente difundidas que son insuficientes cuando no falsas. En primer lugar, por ejemplo, se ha querido explicar la guerra desde un ángulo sociológico como el campo "nacional" contra la ciudad "roja", pero no se trata sino de una diferencia cuantitativa, pues en los dos bandos hubo campesinos y obreros. O, a continuación, en términos económicos, ricos contra pobres, pero igual que en Extremadura o Andalucía los braceros pudieron estar con la República y las clases acomodadas con el Alzamiento, en Castilla o Navarra fue al revés y son las clases populares las que se adhirieron a la España nacional. Una tercera lectura, de cuño internacional, que ve en la guerra de España un anticipo de la II Guerra Mundial, con la lucha entre fascismo y comunismo o entre fascismo y democracia, tampoco es satisfactoria, por más que la situación agitada de la época en Europa pueda considerarse un factor concomitante pero en modo alguno decisivo.

-Lejos de esa interpretación, usted distingue unas causas coyunturales y otras remotas de la guerra. ¿Cuáles son?

-En efecto, a mi juicio no se puede entender el fenómeno de la guerra de España sin distinguir sus causas remotas de otras próximas. Las primeras nos llevan a un siglo y medio de tragedias que comienzan con la escisión espiritual de España producida de resultas de la invasión napoleónica y donde surge una lucha con motivación religiosa, cívico-religiosa mejor dicho, contra el liberalismo. Es el liberalismo, con sus raíces intelectuales en el protestantismo, el que a través de un error político provoca la cuestión social. De ahí que el pueblo, proletarizado por las desamortizaciones, y arrojado a la miseria, se convierta al menos en parte en masa volcada a la revolución. A lo largo del siglo XIX el proceso va madurando y en los años treinta del siglo XX, en el seno de una crisis profunda, esa sí coyuntural, prende de modo violento. La mecha radica en la II República, que exaspera y hace estallar el conflicto que la llamada Restauración, esto es, el sistema de la monarquía liberal establecido en 1874 y que se extiende hasta la proclamación de aquélla en 1931, había represado.

-¿Podría decirse que la fe está en el trasfondo del conflicto? ¿Por qué?

-Sí, pero debo decir que no se trata del acto de fe individual, comprendido al modo protestante, sino corporeizado comunitariamente según la tradición católica. Lo que se dilucidó con sangre en los campos españoles no fue una mera cuestión de poderío o dominio sino una lucha espiritual, de ideas, entre quienes pretendían fundar la convivencia sobre bases estatales y laicas y quienes se aferraban a la comunidad de base religiosa. La causa inicial fue pues el sentimiento religioso herido o, más exactamente, un catolicismo entrañado comunitariamente que no puede aceptar verse reducido a condición privado dentro de un orden civil o secularizado. El laicismo violento y perseguidor de la etapa republicana, prolongado en la zona roja durante la guerra (con el asesinato de trece obispos, cerca de siete mil sacerdotes y religiosos, sin contar los laicos), por tanto, alcanza particular relieve.

-La bibliografía sobre el período de la guerra es muy abundante. Hay quien dice que ronda los 40 mil volúmenes. ¿Es aún hoy la Guerra Civil española un campo de batalla ideológico? ¿Por qué sigue siendo así? ¿Qué es lo que está en juego hoy?

-Creo que la bibliografía sobre la guerra de España supera a la de la misma II Guerra Mundial, hecho que refuerza la interpretación que hemos ofrecido y que excede en cambio sus categorizaciones parciales. Es lógico, pues, que siga siendo un campo de batalla ideológico. Se dijo hace decenios respecto de los Estados Unidos, lo que admite traslado sin dificultad a otros ámbitos, que puede predecirse la posición política futura de periodistas e intelectuales a partir de su actitud ante la guerra civil española. Lo que se evidencia en muchos ámbitos. No es principalmente, me parece, el descrédito del régimen de Franco lo que se busca por cierta historiografía. Pues Alzamiento, guerra y régimen de Franco son hechos distintos en su origen y motivaciones, y consiguientemente deben también diferenciarse los juicios sobre ellos. Sin que pueda establecerse una convertibilidad entre la guerra y el régimen que le siguió, quizá porque se trató sólo de una Cruzada y no una verdadera guerra civil. Una guerra civil es fundadora y una Cruzada busca sólo la defensa de la fe. Es el fondo macabaico y no cainita del conflicto cuando se contempla dese las alturas de la teología de la historia el que sigue concitando el odio en muchas ocasiones.

jueves, 28 de julio de 2016

El ethos hispánico y las independencias hispanoamericanas

#‎BuenosAires‬, 27 julio 2016. Durante su visita a la capital argentina, el profesor Miguel Ayuso participó en el programa «8, 9, 10» del canal TLV1, dirigido por Juan Manuel Soaje Pinto, que versó sobre «El ethos español y las independencias hispanoamericanas». El programa contó asimismo con la participación de Patricio Lons, periodista e investigador en Historia Hispánica.

lunes, 25 de julio de 2016

Recuerdo de la visita de Don Sixto Enrique de Borbón a Santiago de Compostela

 S.A.R Don Sixto Enrique de Borbón ha visitado en diversas ocasiones  Santiago de Compostela, entre otras visitas, en el año Santo Jacobeo de 2004, Don Sixto peregrinó a la tumba del Apóstol Santiago, Patrón de España
 Don Sixto fue recibido en Santiago por un buen número de carlistas y de jóvenes de las Juventudes Tradicionalistas
 Su Alteza presidió la Santa Misa Tradicional en la Iglesia de San Martín Pinario, con la que culminaba una magna peregrinación tradicionalista con motivo del año Santo Jacobeo. Más de ochocientos peregrinos hicieron a pie el camino, con el recogimiento necesario para ganar el jubileo, y en el espíritu de Cristiandad propio del santuario del Hijo del Trueno.
 Don Sixto conversa con Paolo Caucci von Saucken Presidente de la Asociación Internacional de amigos del Camino de Santiago
 El Príncipe fue obsequiado, por parte de los carlistas gallegos, con diferentes productos típicos de la tierra gallega
 Los carlistas acompañaron en todo momento la presencia del Regente del carlismo en su estancia en Santiago
 Una joven margarita catalana, hizo entrega a Don Sixto del CD Voces de Gesta, con diversas canciones carlistas y patrióticas
Acompañaron a Don Sixto Enrique líderes del legitimismo portugués, Antonio Noronha Lorena y Luis de Castro Santos, junto al senador colombiano don Pablo Victoria, que años después escribiera unos magníficos libros sobre el héroe hispano Blas de Lezo, y Luis García Gallardo, de la Comunión Tradicionalista argentina, carlistas procedentes de Argentina, Asturias, Islas Canarias, Castilla, Cataluña, Galicia y Murcia; las peregrinas de la SAS (Sociedad San Andrés, asociación piadosa fundada por Celina García Gallardo inspirada en la organización carlista de las Margaritas y extendida por varios países hispanoamericanos); así como numerosos peregrinos de Francia, entre quienes se veía algún estandarte legitimista, y otras naciones europeas.
A continuación tuvo lugar una comida de hermandad, con asistencia del clero, los dirigentes carlistas y sus invitados, donde Su Alteza dirigió unas palabras e impuso boinas rojas a jóvenes carlistas

sábado, 16 de julio de 2016

HISPANIDAD por Miguel Ayuso

Magnífica exposición del profesor Miguel Ayuso Torres, Presidente del Consejo de Estudios Hispánicos Felipe II, frente cultural de la Comunión Tradicionalista, sobre la HISPANIDAD.

El Tradicionalismo es la continuidad venerable de la Tradición común de los pueblos hispánicos, esparcidos por los cinco continentes, el Carlismo ha venido a ser la prolongación de un modo de ser que sucesivamente han cancelado el absolutismo, el liberalismo y el socialismo. En este sentido profundo, como la vieja Cristiandad medieval se continuó durante el período de la Casa de Austria en el mundo hispánico, convertido en una suerte de Christianitas minor, el Carlismo es una suerte de reserva de esa Cristiandad menor.

martes, 28 de junio de 2016

El parlamentarismo es el enemigo de los pueblos libres

No seguirás en el mal a la mayoría
Éxodo 23:2

En su chispeante crítica de la democracia ateniense Aristófanes censuraba que dicho régimen había transformado al ateniense de antaño, vigoroso, austero, frugal, entrenado para los deportes y la guerra, cerrado a especulaciones disolventes, duro en el trabajo y vigoroso en las diversiones en un “rábula” débil, malsano, pedante, parlanchin, enredador, preocupado sólo por gozar e interesado. Denigra la demogogia, que ha entregado el poder a una criatura tan inestable y ciega como Demos, así como las innovaciones filosóficas que ponen en peligro las virtudes tradicionales y la depravación de las costumbres políticas.

Aquella democracia ateniense tenía bastantes deficiencias estructurales, pero no deja de ser alabada como “inspiradora” de las modernas partitocracias. Pese a todo las diferencias son esenciales: la especulación política del ciudadano se hacía sobre la base del ejercicio de una acción pública entendida como virtud y a la que los mismos se encontraban íntegramente consagrados, por mor de la existencia de un modelo social de base esclavista que permitía el cultivo absoluto de dichas virtudes. Por tanto el bien común no se veía tan preso de banderías ideológicas, y aún así la demagogia no dejaba de hacerse presente.

El régimen actualmente institucionalizado en España encierra lo peor de ambos modelos. No puede ser más actual la descripción que hace Aristófanes de la depravación a la que los paradigmas democráticos han conducido al antaño sano pueblo español, limitado en su horizonte vital a la satisfacción de lujos pequeño burgueses cada vez más vulgares. El parlamentarismo genera pseudogobiernos débiles, esclavos de poderes ocultos, al tiempo que deja a la sociedad sin instrumentos de defensa de su propia libertad y autonomía. La ficción de la voluntad popular como única fuente de legitimidad del poder genera potestades arbitrarias en el orden temporal, sin auténtica auctoritas, y que interfieren y violentan la vida de los cuerpos intermedios y aún de los propios individuos, anestesiados por libertades abstractas de perdición.
Si los carlistas han participado excepcionalmente en procesos electorales han sido sin fe en los mismos y sin reconocer su legitimidad. La deriva electoral hace que cada año que pasa más se acentúen los vicios que ya hace más de 2500 años denunciase Aristófanes. Se vota sin criterio y al servicio de la demagogia más sangrante; se votan programas fuera de la realidad para la satisfacción de los instintos más elementales, se vota por miedo o por mera emotividad burdamente manipulada. Si en la imperfecta democracia ateniense la acción política aún se elevaba al rango de las mayores virtudes el parlamentarismo liberal ha degradado la política al charco de los más hediondos vicios.

El juego electoral del parlamentarismo es una burda farsa de dominación política por parte de las élites económicas de la plutocracia. El control social ejercido desde los mass media capitalistas y el voto inorgánico y manipulable del pueblo reducido a masa individualizada y desarraigada, mera Opinión Pública, imposibilita toda representación social y política real. En palabras de Francisco Elías de Tejada; Es la actitud que en realidad desconoce qué sea el pueblo, porque lo reduce a la noción amorfa y pulverizada de lo que Francisco Suárez llamaría "multitud", coexistencia inorgánica que nada tiene de común con la sociedad independiente y membrada, integrada por comunidades autárquicas y libremente constituidas que es la verdadera calidad del pueblo.

El historiador carlista Melchor Ferrer, en el tomo I de su magna obra Historia del Tradicionalismo español, dejó consignada la verdadera dicotomía entre el parlamentarismo liberal y la representatividad política tradicional, evitando la falsa y manipuladora dicotomía liberal entre democracia y dictadura.

"No ha de admitirse que sea el individuo suelto, disgregado, el punto de arranque de la sociedad, porque el individuo es ser sociable, pero no social, hasta que no se asocie, constituyendo la familia. No es el individuo, sino la familia la primera célula social. Es la familia la que contrae las primeras obligaciones, los primeros deberes; por eso le corresponden derechos. El individuo solo no es nada, y de la nada, nada sale. No es concebible el hombre aislado, y en cuanto, por inclinación o por necesidad, abandona su aislamiento, ya es ser social, porque de algún modo se ha asociado, al relacionarse, y toda relación es referencia, trato, enlace, concordancia. La sociedad, por tanto, la Nación ha de fundamentarse sobre núcleos vivos y efectivos, que son los núcleos sociales, los que, con acción social, deben y pueden influir y actuar en su propia atmósfera, en la sociedad nacional. El voto aislado, el voto suelto, el voto universal inorgánico es contrario a la naturaleza del hombre pensante, porque se deja en cierto modo a la casualidad, a lo que salga; el voto corporativo, por gremios, por profesiones, por clases, por organismos, que tienen, cada uno, su ser y su razón de ser, su interés, su aspiración, es un voto lógico y consciente, además de ser natural, porque resulta conforme con la naturaleza de la sociedad, que es un conjunto de grupos sociales, con causas y efectos propios"

Charles Maurras, autor del conocido y tajante apotegma La democracia es el mal. La democracia es la muerte, ya advirtió de lo letal que significaba el parlamentarismo burgués para la vida de los pueblos. Hoy la democracia liberal-parlamentaria sigue manipulando y envileciendo a las naciones, mientras las grandes decisiones políticas y económicas se deciden en gabinetes ocultos de organismos transnacionales y en los feudos financieros apátridas, muy lejos de la voluntad de los pueblos. El parlamentarismo cumple la función de demoler todo cimiento social, político, o moral que se pueda oponer al poder del Dinero. Los corsés de las estructuras y castas partitocráticas corruptas a su servicio, los convierten en agentes de una verdadera dictadura de los partidos políticos, utilizados para el medro personal y la total absorción de la vida social.

El parlamentarismo es hoy el paradigma dominante, el sagrado dogma impuesto por el nuevo totalitarismo tecnocrático liberal del pensamiento único, al que incluso todas las pretendidas izquierdas se han rendido.
El carlismo se ha opuesto en toda su historia, con la pluma y con las armas, a esta nueva tiranía, que destruye a los hombres, sus libertades reales, sus tradiciones y culturas. En defensa del sentido comunitario y el bien común frente al individualismo burgués. El parlamentarismo engendra gobiernos títeres entre facciones del mismo sistema liberal, que perpetúan el idéntico proceso disolvente y se reparten el poder entre sus castas políticas partidistas. Juan Vázquez de Mella, el Verbo de la Tradición, nos lo sintetizó para memoria perenne de los hombres libres.

“La del parlamentarismo, o, concretando más, lo que llamamos ahora, antiguo régimen; es decir, el conglomerado de grupos y partidos, o, más claro, la gusanera, que, bajo ese parlamentarismo, soportaba y odiaba el más sufrido de los pueblos. Durante medio siglo se repartieron los distritos, Ayuntamientos, Diputaciones y el presupuesto único, porque era el modelo y la regla a que había de ajustarse el de los Municipios y provincias. Ni un cartero, ni un caminero podían moverse en la última aldea sin su permiso. Los grupos y su clientela eran los amos absolutos. Los abusos de ese centralismo monstruoso fueron innumerables; pero también fue enorme el reparto de beneficios a los amigos que formaban la casta privilegiada, el patriciado de esa tiranía”

"Los partidos doctrinarios y radicales de la Revolución no han tenido más que un programa: demoler, desde los cimientos a las bóvedas, todo el edificio que con sublimes y seculares esfuerzos habían ido levantando generaciones católicas y monárquicas sobre un suelo amasado con su sangre; oponer a cada empresa histórica una catástrofe, a cada gloria una ignominia, a cada derecho una licencia, a cada virtud cívica una corrupción, y, finalmente, a la comunidad de creencias, de sentimientos, de instituciones fundamentales, de tradiciones, de recuerdos y de aspiraciones comunes que constituían el espíritu nacional, un solo principio: el de negar ese espíritu, y una sola libertad: la de romper esas unidades y de disolver la Patria. Eliminar los partidos parlamentarios no es cercenar el ser de la Patria; es aliviarla de un peso que la oprime, es remediar a un cautivo y levantar del suelo a una reina desfallecida y humillada"

viernes, 24 de junio de 2016

Brexit: El pueblo no teme al Leviatan

BREXIT: EL PUEBLO NO TEME AL LEVIATAN

La motivación mayoritaria de los partidarios de la salida del Reino Unido de la UE ha respondido a un puro nacionalismo británico muy arraigado entre las clases populares fundamentalmente inglesas. Sin embargo los pequeños grupos tradicionalistas de las islas también han tomado partido por el Brexit por los mismos motivos por los que lleva luchando el carlismo contra la europeización de España. El propio Don Sixto Enrique de Borbón ha mantenido esa relación entre carlistas y jacobitas que tuvo su momento más acentuado durante la III Guerra Carlista. Primero por su sangre, por ser descendiente de los Estuardo por su abuelo el Duque Roberto de Parma. Y por su presencia en diversas actividades jacobitas, como la Cena de la Rosa Blanca de la Royal Stuart Society en 1989, cuando la misma era mucho más combativa y a ella pertenecían varios carlistas. La misma tuvo lugar en el Brown’s Hotel, donde en el siglo XIX se habían alojado varios miembros de la Dinastía legítima española.

El Brexit supone una gran noticia, pues demuestra que las estructuras políticas de la postmodernidad son débiles, pese a su apariencia de leviatanes. Pone de manifiesto además las contradicciones intrínsecas del paradigma democrático. Y pone a la vista muy claramente el carácter antipopular de las estructuras burocráticas de la UE. Sus principales defensores, en los oscuros centros de poder financiero de la City, demuestran que la burocracia europeísta está controlada por élites dependientes del dinero. Las cuales se abrazan con el pensamiento débil y líquido del progresismo multiculturalista. El peligro de islamización anejo a estos paradigmas ha pesado mucho en la opción mayoritaria por el Brexit.

El modo en que se produjo la integración británica en la UE hace que este golpe no haya sido lo suficientemente letal. Los carlistas llamamos al pueblo español a que se movilice para vencer al leviatán y recuperar nuestra dignidad nacional, nuestra independencia y nuestro tejido productivo. En 2005 la Comunión Tradicionalista realizó un gran esfuerzo de agitación propagandística contra el proyecto de Constitución europea, que a la larga quedó frustrado por el voto negativa de franceses (nuevamente tuvo mucho peso la acción de los tradicionalistas) y neerlandeses. Las razones de aquel NO siguen siendo plenamente actuales. Los acontecimientos demuestran que el proceso plutocrático no es irreversible, que las resistencias y reacciones nacionales son posibles y viables.
La oposición tradicionalista a la Unión Europea tiene sus razones en la perversa implantación de las estructuras europeístas y los fines que las sustentan: El avance de las organizaciones supranacionales con la voladura de las patrias y de los Estados, que a pesar de su génesis antitradicional custodian mejor la policitidad humana que los entes mundialistas. Imposición de la laicidad y el laicismo (que no son sino dos versiones de una misma ideología)  que están inscritos igualmente en el corazón de la "construcción europea". El déficit de la participación que supone la tecnocracia de las instituciones europeas, haciendo que el poder, su ejercicio y su control sea cada vez más oculto. La violación del principio de subsidiariedad que aparece en una versión desnaturalizada y administrativizada, el falso federalismo funcional que en realidad esconde un centralismo en manos de la Comisión europea, y la censura sistemática que desde diversas instituciones de la Unión se hace contra cualquier iniciativa de influencia católica. En este contexto se inscribe nuestra radical oposición al europeísmo por todo lo que tiene de vehículo de imposición del liberalismo y del capitalismo. La UE  se configura así, como un gran mercado a las órdenes de la finanza internacional, que desconoce las tradiciones y las culturas.
Acto en Madrid contra la Constitución Europea, de la Comunión Tradicionalista,  presidido por S.A.R Don Sixto Enrique de Borbón

Crónica del acto: Pulsa Aquí
Madrid, 29 enero 2005Más de 500 personas, la mayoría jóvenes, llenaron hasta la bandera el aforo del memorable acto carlista contra el europeísmo antihispánico, plutocrático y demoliberal. Las Españas frente a las tentativas de “construcción europea” basada en la coexistencia laica de pareceres, la postergación del papel político y económico de España y la persecución de la religión católica, al servicio de la masonería y los poderes ocultos.
En España  los partidos del régimen son unánimes en su cipayismo europeísta. Incluso el partido de extrema izquierda Podemos ha hecho campaña por el "sí" a la Unión Europea en Gran Bretaña, demostrando así que, como buenos trotskistas (aunque su táctica inicial haya sido espartaquista), son fieles aliados del gran capitalismo transnacional.

Sólo la Comunión Tradicionalista se ha mantenido en todo momento contraria a la Unión Europea, a la OTAN y a los demás organismos transnacionales que impiden la independencia y libertad de la Patria y hurtan la prosperidad a los españoles.